En un giro dramático para los aficionados a la Fórmula 1, el futuro de los Grandes Premios de Bahréin y Arabia Saudita pende de un hilo, mientras las tensiones aumentan en Oriente Medio. Con Estados Unidos e Israel lanzando ataques aéreos contra Irán, la incertidumbre se cierne sobre estas carreras tan esperadas programadas para 2026. Fuentes revelan que la FIA y la FOM están monitoreando de cerca la situación, pero una decisión rápida sobre el destino de estos eventos está lejos de ser garantizada.
El presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, ha declarado enfáticamente que la preocupación primordial será la “seguridad y el bienestar” de todos los involucrados. Esta declaración enfatiza la gravedad de la situación, especialmente a la luz del reciente aplazamiento del evento del Campeonato Mundial de Resistencia en Qatar, originalmente previsto para el 28 de marzo. La decisión de retrasar la carrera de Qatar se tomó rápidamente, pero las circunstancias que rodean a Bahréin y Arabia Saudita son mucho más complejas.
El apretado calendario de F1 no deja margen para la flexibilidad; si las carreras en Bahréin y Arabia Saudita son canceladas, no hay espacios disponibles para reprogramarlas más adelante en el año. Esta realidad ejerce una enorme presión sobre los organismos de gobierno mientras sopesan los riesgos frente a las posibles repercusiones económicas de perder eventos tan importantes. El tiempo corre, con equipos programados para viajar a Bahréin poco después del GP de Japón en tres semanas. Se deberá tomar una decisión en las próximas dos semanas para evitar un caos logístico.
Hay un consenso creciente dentro del paddock de la F1 que, a menos que las tensiones se enfríen rápidamente, los riesgos asociados con proceder en Bahréin y Arabia Saudita son simplemente demasiado altos. La posibilidad de perder estas carreras deja un vacío significativo en el calendario, creando una posible brecha desde el GP de Japón el 29 de marzo hasta el GP de Miami el 3 de mayo. Este escenario ha provocado discusiones sobre posibles reemplazos de última hora, incluyendo la posibilidad de carreras en Imola y Portimao, o incluso un doble encabezado en Japón.
Sin embargo, los informantes indican que el entusiasmo por apresurarse a llenar estos espacios está disminuyendo. La posibilidad de agregar otra carrera en Japón ha disminuido debido a la presión que ejercería sobre los equipos que ya habrán estado viajando desde el GP de Australia. Si bien es técnicamente factible organizar carreras en Imola o Portimao dentro del plazo establecido, las complejidades involucradas hacen que sea una batalla cuesta arriba. A diferencia del frenético ritmo de la era COVID, donde la F1 se adaptó rápidamente para cumplir con los contratos televisivos, el panorama actual no ofrece tal urgencia dado que el calendario ya está lleno con 22 carreras.
Financieramente, las apuestas son significativas para los equipos, ya que perder dos carreras significaría una disminución en los ingresos derivados de los derechos comerciales del año. Sin embargo, el CEO de McLaren, Zak Brown, ha señalado que, si bien las implicaciones financieras son una preocupación, la prioridad sigue siendo la seguridad y la integridad del deporte. «Todo depende: ¿se reemplazan las carreras, se retrasan, y la economía en torno a eso? Pero creo que, dado lo que está sucediendo, no nos molesta si tiene un pequeño impacto financiero», dijo.
A medida que el CEO de F1, Stefano Domenicali, se prepara para su reunión habitual con los jefes de equipo en Australia, la inminente decisión sobre las carreras en Oriente Medio dominará la agenda. Todas las señales sugieren que la elección final girará en torno a la viabilidad de los eventos en Bahréin y Arabia Saudita. Si se cancelan, los aficionados podrían enfrentarse a un mes sin ninguna acción de Fórmula 1 en abril, una larga pausa que podría dejar al mundo del automovilismo aturdido. Las apuestas nunca han sido tan altas, y los ojos del mundo deportivo están firmemente fijos en cómo se desarrolla esta situación.


